AVUI A POL

Pericos con botas

 

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GLARÍA, EL HEROE DEL CAMP NOU

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A mediados de la década de los 60 Juan Vilá Reyes, presidente del club, estaba obsesionado en situar al RCD Espanyol a la altura de los grandes y para ello no dudó en contratar jugadores de gran calidad. Era el tiempo de "Los Delfines". De Ramírez, Ré, Marcial, José María y otros peloteros de alto nivel. De un Sarriá lleno cada domingo. Que tiempos.

Pero la campaña 1967-68 no había estado a la altura de las expectativas y el máximo mandatario, tozudo en sus ambiciones, se descolgaba con otro fichaje de relumbrón. El 3 de mayo de 1968, GLARÍA, el cotizado medio del Atlético de Madrid firmaba por 4 campañas como nuevo jugador perico. Poco más de 10 millones de pesetas tuvieron la culpa.

La noticia conmocionó el entorno blanquiazul. Jesús GLARÍA Jordán (Villafranca de Oria 2-1-42) que contaba 26 años, llevaba 8 temporadas en el conjunto colchonero y era un jugador de gran prestigio que, pese a su juventud, acumulaba ya un buen arsenal de títulos: Recopa de Europa (1961-62), Copa SE Generalísimo (1961 y 1965) y Liga (1965-66).  

Internacional con apenas 20 años de edad, llegó a disputar el Mundial de Inglaterra 1966 de la mano de su preceptor Pepe Villalonga. Su fichaje era, sin duda alguna, todo un lujo para el RCD Espanyol.

De buena planta física, el navarro se inició en un fútbol que recitaba la línea de medios con 2 nombres (3-2-5) y acabaría en otro con 4 hombres atrás y ejerciendo de defensa libre (4-2-4). Daba igual. Elegante como pocos, GLARÍA representaba toda una garantía a la hora de sacar el balón jugado desde cualquier posición. Una maravilla para la vista.

Sin embargo Vilá Reyés no logró consolidar a aquel RCD Espanyol en la élite y los inicios de GLARÍA fueron difíciles a más no poder. En su primera temporada como blanquiazul (1968-69) el equipo descendía a la 2ª División de manera insospechada. Nadie podía imaginar aquel descalabro con una plantilla repleta de figuras. Pero pasó.

La travesía por la División de Plata y la consolidación en la élite con Fernando Daucik no fue cuestión baladí. Pero junto a su compadre Griffa, formó un tándem de garantías y ambos lideraron la zaga blanquiazul dando un ejemplo de entrega y profesionalidad en tiempos difíciles. El navarro tenía seda en los píes, pero no le faltaba coraje y decisión para defender.

Por suerte, no todo iba a ser gris. La llegada de Santamaría al banquillo (1971-72) marca un punto de inflexión. Y ahí está GLARÍA, aportando madurez y veteranía en beneficio de un grupo que empuja con fuerza e ilusión (Solsona, Roberto Martínez, Amiano.....). Cercano a la treintena, el de Villafranca de Oria vivirá una segunda juventud. Comienzan sus mejores momentos como españolista.

Y llega el gran momento. Porque más allá de su tremenda calidad, GLARÍA y RCD Espanyol siempre irán unidos por el recuerdo de un histórico penalty. En la temporada 1972-73 los blanquiazules son algo más que el equipo revelación y van a por la Liga descaradamente. Como quería Vilá Reyes.

La lucha es tan cerrada que la tarde del 4-3-1973 el Camp Nou acoge un derby histórico con FC Barcelona y RCD Espanyol en pos de la primera plaza. Con la ciudad paralizada y el estadio a reventar el partido discurre por derroteros de igualdad extrema. Presagio de (0-0).

Pero llega el minuto 68'. Gallego corta con la mano la enésima galopada del "Pibe" Martínez y el referee no duda. Penalty. Probablemente el penalty de nuestra vida. Y allí está GLARÍA. Pocos como él para situarse en el punto fatídico.

El navarro es de los que controla la carrera. La cabeza siempre alta. Vigilando el movimiento del portero. Escondiendo la dirección del tiro hasta el último instante. Y luego viene el toque suave. Casi siempre abajo. Casi siempre gol.

Sin embargo, ese no es un penalty más. Significa salir del Camp Nou con la victoria, el liderato y muchas cosas más. Frente a él, Reina. Imbatido desde hace 824 minutos. Con el transistor pegado a la oreja todo el españolismo espera el grito del locutor anunciando el gol. Son unos instantes eternos. Únicos.

Finalmente el lanzamiento acaba en las mallas (0-1). Más allá del acierto, la ejecución del castigo es muy poco ortodoxa. Superado por el momento, GLARÍA apenas si toma carrera y lanza más al centro de lo normal. Afortunadamente,  Reina está peor y queda como petrificado sobre la línea de cal siguiendo el balón con la mirada.

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Tras el match el jugador navarro hablaba así sobre el decisivo lance:

"Cuando vi que el árbitro señalaba el penalty, me eché inconscientemente a temblar. Sabía que era el encargado de lanzarlo. Tuve que concentrarme para intentar serenarme. De lo único que me preocupé fue de no enviar el balón fuera. Creo que chuté agarrotado, ganado por la emoción. Pero a Reina le ocurría lo mismo. Acerté."

Quedaban todavía 20 minutos pero GLARÍA, De Felipe y compañía mantuvieron a raya la embestida azulgrana y el (0-1) fue inamovible. Los blanquiazules escapaban del Camp Nou con todo el botín, victoria y liderato, en una de las tardes más históricas del españolismo.

GLARÍA jugaría siete campañas en Sarriá y tras finalizar la temporada 1974-75 colgaría las botas a la edad de 33 años. El 13-8-75 y como reconocimiento  a su trayectoria, el club le rindió un cálido homenaje en los prolegómenos de la final del Trofeo Ciutat de Barcelona que enfrentaba al RCD Espanyol con Estudiantes de la Plata. Las palmas echaban humo.

Enamorado de Barcelona se afincó en nuestra ciudad y antes de empezar la campaña 1978-79 se especuló con su incorporación a la secretaría técnica del club. Pero el destino no lo iba a permitir.

La madrugada del 19-9-78 GLARÍA volvía de vacaciones junto a su hijo Jesús y su sobrino Francisco que jugaba en los equipos inferiores del club. Cerca de l'Espluga de Francolí (Tarragona) y debido al reventón de una rueda, su Lancia se salió de la A-2 dando diversas vueltas de campana. Francisco salvaría la vida gracias a llevar abrochado el cinturón de seguridad pero el pequeño Jesús, que dormía en el asiento trasero, moriría en el acto.

Todavía con vida, GLARÍA fue trasladado en ambulancia a la Residencia Sanitaria de la Seguridad Social de Lleida, pero perdió la vida en el trayecto. Tenía tan solo 36 años.

Imposible olvidarle. Demasiada clase. Demasiados recuerdos.

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GLORIA ALS HEROIS

Publicat el 13/11/2011
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