AVUI A POL

El racó d'en Puyaltó

HISTÒRIES BLANC-I-BLAVES

Recorriendo la historia de aquellos jugadores que defendieron con orgullo los colores de nuestro club, es parada obligada hacerlo en Alberto Martorell Otzet, uno de los mejores porteros (guardametas en su época) de los que han defendido la camiseta del Espanyol.

Alberto Martorell Otzet, nació en Madrid el 13 de Marzo de 1916. Su padre fue Vicente Martorell, capitán del ejército español, que se encontraba destinado en Madrid, y su madre fue Emilia Otzet. Emilia estaba empeñada en regresar a su Barcelona natal no bien hubiera dado a luz. Lo hicieron algo más tarde, en 1918, cuando Alberto contaba apenas dos años de edad.

Fue su hermano Vicente, según manifiesta el mismo Martorell, quien lo llevó por el camino del deporte, no sólo del fútbol como veremos.
A los ocho años matricularon a Alberto en el Colegio Ibérico de la calle Lauria. Al acabar las clases, de vuelta a casa, Alberto empezó a jugar al fútbol con sus amigos. Lo hacían en el Paseo de San Juan, muy cerca de la Diagonal, alrededor de la estatua de Verdaguer. Posiblemente su afición al fútbol provenga de aquellos días. Sin embargo, Alberto no jugaba de portero, sino de lo que más le gustaba, de delantero. Lo de ser portero no entraba en los planes del niño.

De jugar en la calle, dando vueltas y más vueltas a la estatua de mosén Cinto, Alberto pasó a darle al balón en la Peña Montserrat, cuyos partidos tenían lugar en la explanada que existía delante de las obras de la Sagrada Familia, justo donde hoy están situados los jardines. Más tarde la Peña Montserrat pasó a jugar sus partidos cerca del campo del Europa y fue precisamente allí donde hizo sus primeros pinitos como guardameta, portero, cancerbero, o como queráis llamarlo.

Ocurrió que en el transcurso de un partido el árbitro pitó penalty en contra de la Peña Montserrat. La decisión no pareció justa al portero. Ni justa ni aceptable. Tan poco aceptable le pareció que, después de enfrentarse con el árbitro, decidió abandonar el partido, diciendo: ”Que tiren todos los penaltys que quieran que yo no los paro”. Ante la insistencia del árbitro en que, para continuar el encuentro, alguien debía colocarse bajo los palos, hubo sus más y sus menos dentro del equipo. Al final le tocó al bueno de Martorell. No consiguió parar el penalty, pero fue felicitado calurosamente por el resto de su actuación. Desde entonces Alberto Martorell Otzet ocupó el puesto de portero en el equipo de la Peña Montserrat. No se sabe lo que el portero titular opinó del cambio.

 

Al poco tiempo un compañero suyo pasó a jugar en el infantil del Espanyol y habló de él a Pasabalón (Luis Gamito Iturralde), –personaje emblemático donde los haya, y que merecerá otro artículo más adelante–. Martorell fue citado para efectuar una prueba. Una vez realizada, Pasabalón le comentó: ”Muy bien, muchacho. Tú puedes llegar a ser un buen delantero”. Y de este modo, Alberto Martorell pasó a formar parte de la plantilla de la Penya Saprissa, donde demostró sus dotes de guardameta, pero donde también jugó como delantero centro. En la foto, que data de 1932, es el del centro de los jugadores agachados,con pañuelo en la cabeza. Alberto era un buen delantero centro, pero todavía era mejor como guardameta.

El fútbol agradaba a Martorell, pero su verdadera pasión era la Medicina. Así pues, compaginó su vida deportiva con los estudios.
Alberto Martorell debutó en el primer equipo en 1933, con 17 años, en un partido del Campeonato de Catalunya. El partido se jugó en Sarriá y fue contra el Granollers. Sin embargo, su pase a profesional no se produjo hasta la temporada 1939-40. Mientras tanto alternó sus obligaciones amateurs con el Espanyol, con el equipo de Rugby del S.E.U., que aquel año quedó Campeón de España. La actuación de Martorell como tres–cuartos fue comentadísima y elogiada por la crítica y por el público. Intervino poco después en los Campeonatos Universitarios de hockey sobre hierba y con su equipo, la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona, ganó los Campeonatos de Catalunya y de España.

Una vez integrado definitivamente en el primer equipo del Espanyol, Martorell participó en la final de Copa del Generalísimo (temporada 1940-41, celebrada en Madrid, el 29 de Junio de 1941 ante el Valencia), en la que lamentablemente se perdió por el resultado de 3 a 1. La alineación del Espanyol aquel día fue la siguiente: Martorell, Teruel, Pérez, Arasa, Rovira, Llimós, Macala, Jorge, Chas, Olivas y Más.

Martorell se retiró como futbolista profesional el 22 de diciembre de 1946, en Sarriá, en un partido disputado frente al Gimnástico de Tarragona, para dedicarse de lleno a la Medicina, habiendo sido internacional absoluto con la Selección Española en 4 ocasiones.

Sus numerosas experiencias le llevaron a escribir en 1945 un libro publicado en 1948, que se tituló “Veinte años de fútbol me enseñaron que...”, libro absolutamente recomendable y de obligada lectura, de no ser porque sólo hemos visto dos ejemplares del mismo, de los cuales uno obra en nuestro poder. En este libro Martorell relata numerosas anécdotas, algunas relacionadas con sus estudios de Medicina, ya que aprovechaba los partidos que jugaba el Espanyol fuera de casa, para acercarse al hospital más cercano, identificarse y asistir a alguna operación quirúrgica. Nos gustaría resaltar la siguiente anécdota:
“Transcurría la intervención quirúrgica. Junto a mí estaban los familiares del paciente. De pronto, el hermano, que ya vi que se mostraba preocupado desde hacía rato, me preguntó: ¿Qué mira con tanta insistencia el anestesista en ese ojo?. Pues mire usted, le dije, para seguir la marcha de la anestesia se acostumbra a observar el grado de dilatación o estrechamiento de las pupilas. Ya, ya, respondió el familiar con cara de no haber entendido nada. Al rato pareció que iba a decir algo y como quien teme decir una estupidez, me dijo: Oiga, usted perdone, pero es que este ojo lo tiene de cristal. ¿Influye en algo? ”

Este es un pequeño resumen de la vida de Alberto Martorell Otzet, gran deportista, excelente médico y mejor persona, que hoy en día a la edad de 89 años vive en su domicilio de Barcelona, siguiendo –suponemos que apasionadamente– los avatares de este Reial Club Deportiu Espanyol de sus amores, que tan intensamente disfrutó e hizo disfrutar a nuestros mayores con sus dotes de guardameta, y que es probable que continúe jugando sus partidos de tenis en su otro club, el Club de Tenis Barcino.

Reconozcamos desde aquí su grandiosa aportación a nuestro Club y démosle el merecido homenaje que merece.

Muchas gracias, don Alberto.

Jordi Puyaltó y Xavier Boró

Publicat el 12/09/2005 

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