AVUI A POL

Can ràbia per Francesc Via

La gallina

Una expresión otrora muy frecuente en el mundo del futbol y ya en cierto desuso es la de "matar la gallina de los huevos de oro". Pero contrariamente a lo que rezaba la amenaza, lo cierto es que el negocio del futbol se ha vuelto tan lucrativo que en las últimas décadas no ha hecho más que aumentar y sobredimensionarse más allá de toda lógica de mercado. Un negocio curioso, puesto que camina de espaldas a su principal cliente, lo maltrata y lo desprecia sistemáticamente e incluso, en su soberbia, cree haberlo suplantado. Como si tras las pantallas, a las que ahora se dirigen todos los desvelos de las instituciones futbolísticas y de la patronal de los clubes, no hubiese aficionados. Como si lo importante -parafraseando a uno de los matones de barrio y esquina que gerencian el negocio- fuese retransmitir cualquier cosa para cualquier ente, persona, animal o cosa, capaz de deglutirlo todo sin rechistar. ¿Tan idiotas nos creen? Pues si. Así de idiotas debemos ser. La idea de retransmitir a toda costa un producto maltratado es descorazonadora y salvaje y creo sinceramente que solo se le puede ocurrir a alguien que en el fondo detesta este deporte, como es el caso de los individuos que mueven sus resortes. Fijémonos en España; un abogado sin escrúpulos que ya le lavaba los calzoncillos al uno de los presidentes más extravagantes y vergonzosos del fútbol español. Un par de exfutbolistas olvidables y olvidados con egos sedientos y los bolsillos vacíos que no colmaron en sus mediocres carreras y el empresario más oscuro, torticero y maquiavélico del panorama audiovisual. Estos son los tipos que exprimen a la gallina, no van a dejar ni los huesos para el caldo y están seguros de que tú y yo nos lo vamos a tragar enterito. Y lo peor de todo es que tienen razón.

¿Nos tragaremos lo que sea? ¿Realmente somos un público tan cautivo? ¿Realmente ese pacto de amor enfermizo que hemos establecido con una entidad, con unos colores, con la tradición familiar, con el niño que fuimos, da para tanto? Los clubes son el cordón umbilical que nos une a este engranaje. Pero que nadie se engañe: los clubes, entre ellos el nuestro, nos van a traicionar. Nos van a abandonar parapetándose en una lógica empresarial que ya nos es totalmente ajena. ¿En qué ha mejorado nuestras vidas la mercantilización del fútbol? En nada. Nos ha apartado de lo que amábamos e incluso de su negocio. ¿Cómo puede alguien pensar que se salva al fútbol alejándolo de los aficionados? ¿Cómo alguien puede llamar liga a una competición profiláctica de jugadores convalecientes, agotados, desmotivados y sin público en las gradas? Resonará en la megafonía de un Anfield vacío un cínico "You'll never walk alone" y en España, once hombres con la camiseta blanquiazul saldrán a jugar en algún lugar un sucedáneo monstruoso. Pero si. No nos engañemos. Nosotros también somos culpables. Somos la coartada de los golfos que manejan el fútbol, porque lo vamos a ver. No vamos a satisfacer con ello ninguna pasión ni nos producirá alegría, a lo sumo el alivio triste del adicto. MFA. Metadona Futbolística Audiovisual. Si al final se entierra todo sentido común y se acaba jugando, nos jugaremos así la categoría. Otros se jugarán el campeonato. ¿Qué gloria espera a los campeones? ¿Qué dolor a los vencidos? ¿Qué celebración? ¿Qué consuelo? A todos nos devorará un silencio que sin duda merecemos. Y tal vez si, quizá estemos asistiendo todos al entierro lento, sistemático, imparable, de la gallina.

Francesc Via 

@francescviapol       


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