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Paintball per Joan Camí

El análisis del Espanyol - Granada

El RCD Espanyol lleva 9 partidos oficiales -seis de previa de Europa League y tres de Liga- desde que empezó la temporada y en casi todos ellos, independientemente de la victoria o la derrota, no se ha percibido una evolución en el juego. El equipo está muy lejos de su mejor versión, tanto en el aspecto individual como en el colectivo. Lógico por el momento del curso en el que estamos, pero sin atisbo de optimismo a corto plazo. El 0-3 ante el Granada, además del varapalo que significa perder así contra un recién ascendido, sitúa en una difícil tesitura a David Gallego. Su equipo no va, no se atreve, duda, piensa mal y demasiado y no se expresa con la misma convicción que la temporada pasada. Es un contexto distinto, es verdad, con otros futbolistas y con otro técnico que, pese a querer sacar ventajas también desde el cuero, no repite exactamente el mismo modelo y la misma idea, algo que ya se sabía y que no debería ser un problema per se. Pero es una realidad; el equipo no sonríe, no se lo pasa bien, no disfruta. Está tenso. En la grada, en el banquillo y en el césped. Y ya no es solo una cuestión de fútbol, que también, sino de confianza. Cuesta entender como teniendo a Roca, Darder y Melendo, tres futbolistas que representan perfectamente la idea y el modelo futbolístico que persigue el club desde la llegada de Rubi, el Espanyol no esté siendo capaz de generar un juego vistoso, alegre, atractivo y eficaz que le permita acercarse al gol. Ahora mismo estos jugadores se encuentran en un segundo plano que resulta preocupante. Solo Matías Vargas, que acaba de llegar, está logrando salirse del guión triste y apático que está mostrando el Espanyol en este inicio de Liga.

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El partido ante el Granada presentó una novedad táctica en el planteamiento de Gallego. El Espanyol, en fase defensiva, se organizó en un 1-4-4-2 con Sergi Darder, el teórico interior izquierdo del 1-4-3-3 inicial, situándose al costado de Wu Lei como segundo delantero. Un movimiento sorprendente, no solo por la novedad en sí, sino por el perfil del futbolista, que nunca había ocupado esta posición y que normalmente rinde mejor cuando ve el fútbol de cara y organiza el juego desde la base de la jugada. Podría ser que el técnico quisiera simplificar las funciones del '10', con recorridos menos largos en defensa y potenciar, en la fase ofensiva, su presencia cerca de la frontal para el último pase o disparo exterior. Sea como fuere, la fórmula no tuvo demasiada incidencia en el juego del Espanyol, que volvió a mostrar muchas carencias con y sin balón. Además de la posición de Sergi, la otra ‘novedad' fue Wu Lei, que jugó de delantero centro en detrimento de Ferreyra, el máximo goleador del equipo, y Calleri, que todavía sigue adaptándose a la dinámica de su nuevo equipo. El técnico lo explicó así en rueda de prensa: "Lo que buscábamos con Wu era que los laterales del Granada persiguen mucho a nuestros extremos. Queríamos sacarlos y que él aprovechara estos espacios, que además los entiende perfectamente. Buscábamos mucho esta situación".

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Saltó el Granada en Cornellà con la intención de presionar arriba y aprovechar la recuperación o el fallo para atacar en velocidad. Un planteamiento que están utilizando prácticamente todos los equipos que juegan contra el Espanyol y que, de momento, les está sirviendo para sacar rédito durante los primeros minutos. De nuevo, se divisó un equipo muy largo, con demasiado espacio entre sus líneas y sin un nexo que permitiese que el viaje ofensivo y defensivo fuera rápido, sólido y compacto. Marc Roca y Víctor Sánchez en la misma línea que los centrales, estos últimos, otra vez, muy lejos de amenazar y de generar ventajas a través de conducciones, Melendo y Darder muy arriba y en el medio un vacío importante que aprovechó el Granada para dibujar la transición y conectar con Machís en situación de 1vs1, el gran nombre propio del partido que destrozó al Espanyol por banda izquierda. El conjunto blanquiazul, como viene siendo habitual desde el inicio del curso, sufrió mucho tras pérdida por la mala organización de sus piezas. Poco riesgo en el pase vertical, en parte por la falta de confianza y también por la distancia -enorme- entre el jugador -Roca- que debería conectar el primer escalón con el segundo. De esta forma, el centro del campo quedaba totalmente expuesto y los interiores no llegaban al repliegue. Una serie de contratiempos y facilidades que hicieron posible las ofensivas del conjunto nazarí, que tras el gol de Antonio Puertas pudo centrar sus esfuerzos en defender más cerca de su portero y proteger más la espalda de Domingos Duarte y Germán, centrales muy buenos en el juego aéreo, pero especialmente lentos y vulnerables cuando juegan lejos de Rui Silva

Cambió ligeramente el guión, pues pese a tener el dominio del balón, el Espanyol no encontró espacios para potenciar el desmarque de Wu. Corchia, aunque sufrió mucho en defensa, se animó bastante en ataque y consiguió generar centros laterales desde línea de fondo. Una situación que, con el futbolista chino en el campo, más las llegadas desde atrás de Melendo, Darder o Matías Vargas, jugadores que precisamente no destacan por su remate, no sirvió para inquietar siquiera el área del Granada. Se debió acordar Gallego en ese momento de Ferreya o Calleri, ambos especialistas, sobre todo el primero, en el remate dentro de área. 

La noticia más positiva del partido fue, de nuevo, Matías Vargas. El ‘Monito', aunque fueron pocas veces, mediapunteó para ofrecer alguna solución entre líneas, pero al igual que sus compañeros se estancó en el último tercio del campo. Algo que demostró que el Espanyol 19-20, de momento y solo en las victorias, está sacando los partidos desde lo individual. 

Es justo reconocer que ayer, por pocos minutos, se pudo ver un Espanyol que quiso parecerse más a lo que pretende David Gallego y su cuerpo técnico. Pero fue eso, algo efímero y caduco, impulsado por una necesidad conciliadora entre el juego del equipo y el runrún de la grada, insuficiente para volver entrar en el partido y soñar con un giro de 180 grados que bien hubiera venido para el parón del próximo fin de semana. El despropósito se reflejó también en los errores individuales de algunos jugadores, sobre todo en los despejes y la falta de concentración en momentos puntuales, que fueron las notas discordantes que rompieron definitivamente con el entorno

Joan Camí

@JoanCami       


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