AVUI A POL

Doy palabra per M.C. Cánovas

Una jornada para aprovechar

La mañana era fea, pero fea de c... Mucha gente volvía a sus casas tras unos días vacacionales, pero mucha también se daba cita en el RCDE Stadium. Esa mañana no jugaban el Panda, Melendo o Wu Lei pero la gente perica quería ver a las futbolistas pericas. Quien quería verlas estaba allí, también habría quien querría pero no podía, y... y vamos a dejarlo ahí.

Se respiraba buen ambiente en los aledaños del estadio pese a la aspereza del tiempo. Yo estuve un buen rato fuera y las caras de los aficionados transmitían alegría. Por primera vez el equipo femenino disputaba un partido en el coliseo. Había motivos para celebrarlo, y para celebrarlo, el club había tenido la feliz iniciativa de reunir a exjugadoras, exdirectivas, a gente de otras épocas. Jugar ahí es el súmmum para cualquiera que golpee un balón.

Las ex acudieron a la cita de muy buena gana. Acudieron de muy buena gana porque sólo contemplar aquella verde pradera ya llena de gozo. Llena de gozo porque para ellas, las ex, atrás quedaban estos campos, a ver si los conocen: Pubilla Casas, Hospitalet Atlético, La Provenzana, El Polvorín, La Teixonera... Campos muy modestos y muy, pero que muy dignos, albergues del fútbol puramente amateur todos los fines de semana, lugares donde les iban haciendo sitio a las chicas pericas cuando no había propiedad donde entrenar ni jugar. Luego vino el salto al Pau Negre, delante del Estadi Olímpic, pero aun así con muchas reticencias arbitrales porque al ser un campo de hockey hierba no ofrecía las medidas reglamentarias para el fútbol. Por eso el lunes de Pascua las ex contemplaban con orgullo cómo las que ahora corren tras el balón podían disfrutar de una jornada agradablemente particular. La Ciutat Esportiva fue para el fútbol femenino como tocar el cielo. Jugar en el RCDE Stadium era como ver a Dios.

De ahí el orgullo de ese grupo de invitadas, campeonas de Liga, de Copa, de España defendiendo a Catalunya, internacionales absolutas y las que no lo fueran pero que se habían dejado por esos campos mencionados la piel de las rodillas contra la tierra, porque hoy todos disfrutan de la hierba artificial, hoy, antes no.

Por eso me permito pedirle al club que esa iniciativa vivida el pasado lunes no caiga en saco roto, que no vaya a parar al fondo de un cajón y sirva para recrear otras diadas bien en un campo o en otro (mejor Cornellà) en los que alimentar la afición de la gente por esta sección del club y el permanente reconocimiento de quienes hicieron algo (mucho diría yo) por los colores blanquiazules.

Nunca olvidaré lo que decía Manuel Meler al hablar de los veteranos: No hay presente sin pasado. Servidor, el fútbol femenino lo ha mamado hasta la médula viendo jugar a la canela en rama del Espanyol. No cerremos la puerta que se abrió el otro día en el coliseo perico, que no sea, como ha sucedido con otros acontecimientos que no se han sabido aprovechar. Al Espanyol le une el pasado, el presente y el futuro por unos colores, el blanco y el azul, que envuelven a quienes los han defendido, defienden, han aplaudido y aplauden sin distinción de edades, de condición o de sexo.

M.C.Cánovas


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