AVUI A POL

Doy palabra per M.C. Cánovas

Los grilletes nos los pusimos nosotros ¿Quién nos los quitará?

Déjenme que me aferre con desesperación a un clavo ardiendo, si es que lo hay. Ya sé que la realidad es otra y comparto el pragmatismo de quienes aseveran que tenemos un pie y medio, o más, en Segunda. Nadie me ha de contar cómo hemos tirado los buenísimos cuatro puntos sumados tras la vuelta marcada por Don Vito. Tres en tu casa ante un rival mediocre que te pasó por encima y tres, o al menos uno ante una vulgaridad a la que le bastó un gol para sentenciarlo todo. Pero déjenme que me aferre a la última posibilidad, a la última bala, Anoeta, Leganés... no sé. Esta situación la he vivido de todos los colores y desde muy adentro. Por eso quiero quemarlo todo, y si hay que bajar, cuando no se pueda más. Eso sí, también déjenme expresar un par de consideraciones que no es que vayan a aportar nada, porque los que están así ya las saben, pero me asfixian.

Una. Yo de esto de los banquillos no entiendo mucho, porque si entendiera igual me habría ganado mejor la vida, por eso pregunto ¿qué sentido tenia dejar el jueves en el banquillo a los pesos pesados, y jugarte el tipo toda la primera parte con algunos que apenas han tenido minutos? Para servidor, el jueves no había más objetivo que lo que se cocía en Sevilla, pero...

Y otra. Los grilletes que oprimen al equipo y por tanto a todo el periquitismo, nos los hemos puesto nosotros mismos. Nos los hemos puesto permitiendo un arranque de Liga espantoso, con el banquillo vacío de ideas, de iniciativa, de carácter, de orientación, de capacidad de reacción ante cualquier contratiempo, de variantes... aplicando, cuando es más que obvia la deriva del equipo, uno de los mayores absurdos de nuestro fútbol: Vamos a esperar al próximo partido... para tomar decisiones... Cuando toda aquella aberración futbolística se tenía que haber cortado de raíz apenas con cuatro jornadas. A partir de ahí, tumbo tras tumbo. Hasta llegar a esta situación dramática, parece que irreversible, sin depender de ti mismo, atados de pies y manos y sin ver claro quién puede liberarnos de esos grilletes que nos están torturando.

Hace muchos años, en una situación idéntica, el patriarca de la familia Lara le echó bemoles y decisión a la cosa y se trajo a Camacho. Entrenaba al Rayo, no al Borussia de Dortmund y sin ser ningún revolucionario del fútbol ni un estratega de esos que hoy en día nos encandilan, aplicó lo que necesitaba y sigue necesitando este club: un realismo total, un dos y dos son cuatro y no me toquéis los c. que llevaron al equipo a subir en Globo. Ya conté la anécdota de los rusos y no voy a repetirla. Evitó lo peor que le puede pasar a este club, sumido como está ahora en el infierno del descenso: que no salga de ahí al momento. Dos años, tres... y desaparece. Porque las alimañas, algunas muy golosas, siguen ahí.

En estos momentos tengo motivos para creer en determinadas personas que asumen responsabilidades en el club: que arranquen los grilletes, liberen al Espanyol de este suplicio que nos hemos creado nosotros mismos. Y si alguno, algunos, quieren dejarse ver por Cornellà aunque solo sea para presenciar un partido, hagan como Larra: Vuelva usted mañana. Pero un mañana muy largo.

M.C. Cánovas


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