AVUI A POL

Palabras, las justas per M.C. Cánovas

La enésima vuelta de tuerca.

El afortunadamente último derbi de la temporada -sin contar la Supecopa catalana- dejó buenas sensaciones, buenos detalles a los que acogerse para debatir en el post derbi, aspectos relacionados con el juego, momentos individuales de uno o de otro, o simplemente sensaciones de cara al gran tramo de la Liga, el que viene, el que lo define todo.

Pero, como suele suceder cuando el resultado de ese peculiar partido no acompaña a "La Causa", el post derbi ha derivado una vez más hacia lo que ha querido la parte más dolida de esa "Causa", esa que cuando te meten cinco te mira con sonrisa despreciativa pero cuando simplemente se empata, ni para ti ni para mí, saca toda la rabia contenida y se tira al cuello. Y no se habla de fútbol. Se señala a uno de los tuyos acusándolo de "cargarse" a uno de los suyos, aunque apenas 48 horas después de habérselo "cargado", el "pobre niño rico" anuncie que va a jugar el siguiente partido en nada, dos días. Es un pasar de puntillas por el roto que, ese sí es de verdad, le hizo uno de los suyos, muy recientemente, al valencianista Pereira, o el que también uno de los suyos le hizo a Diego López por mucho más tiempo del que va del domingo al miércoles. O para qué hablar del partido gestual, también de uno de los suyos, que no se si con los dedos mandaba callar a la grada o le dedicaba el gol a alguien.

Todo este estercolero ha apartado al aficionado perico del verdadero post partido, del buen sabor de un resultado positivo ante el líder de la tabla. Poco a poco bajar el souflé, se va volviendo a los aspectos verdaderamente interesantes de ese último derbi, aspectos que, sin duda alguna, dentro del vestuario sí están encima de la mesa, o sea que esperamos que no sólo se extraigan buenas conclusiones, sino que se apliquen. Porque servidor, como la mayoría de aficionados que se van sacudiendo tanto negativismo, nos preguntamos por qué no hay, de una vez, más continuidad en esos fogonazos de buen fútbol, excelente, diría, que el equipo ha deparado en determinadas ocasiones. Y me quedo con tres ejemplos.

No me olvido del buenísimo fútbol desplegado ante el Valencia, pero aquel día la efectividad se quedó por el camino. Si en cambio, me quedo con estos en los que el equipo se ha movido a gran nivel, y cuando digo equipo me refiero también a su entrenador y su capacidad. Uno, ante un Atlético que en Cornellà fue a por todas y cayó; cierto que se ganó en Málaga pero vamos a olvidar el desarrollo del juego. Luego, el vacío. Otro, en la Copa sujetando a un rival hoy por hoy el más poderoso de la competición. Y lo ganó. Lo que vino después no quiero recordarlo. El último, volviendo a plantarle cara al mismo contrario arrancándole un punto con absoluta solvencia. ¿Por qué no se acaban aquellos dientes de sierra...?

La respuesta está en Vigo, Alavés, Girona, Éibar, Leganés y algún otro que han golpeado demasiado duro a este equipo para que ahora, ante el tramo final de la Liga, acercándonos a la hora de la verdad, a ocho puntos de la deseada zona europea pero también a ocho de la baja se vuelva a caer en vaivenes absurdos y desconcertantes. El pasado domingo se dio la enésima vuelta a una tuerca que tiene que enroscarse de una vez con fuerza, con autentica firmeza. ¿En Vigo? Pues en Vigo...

M.C. Cánovas


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